UN VIAJE MUSICAL POR EL PARQUE EUROPA

Mientras yo vivía en Francia y pintaba el Puente de Langlois, la música formaba parte de la vida diaria de muchas personas. En las casas y salones se podía escuchar el piano, ya que era el instrumento más común y muchas familias tenían uno. Los niños y niñas aprendían a tocar el piano y a veces también el violín, que era muy apreciado tanto para tocar solo como en grupo.
En las orquestas, además del piano y el violín, eran habituales la flauta, el clarinete y el arpa. Estos instrumentos ayudaban a crear paisajes sonoros llenos de matices y colores, igual que los pintores buscaban nuevos colores en sus cuadros.
Durante aquellos años, en Francia surgieron grandes compositores que buscaban transmitir emociones y sensaciones nuevas con su música. Por ejemplo, Claude Debussy compuso piezas suaves y delicadas, como “Clair de lune”, que nos pueden recordar a la luz y a los paisajes de los cuadros impresionistas. Camille Saint-Saëns escribió “El Carnaval de los Animales”, una obra divertida donde la música imita a distintos animales, y Gabriel Fauré creó melodías elegantes y tranquilas como la “Pavane”.
Un poco después, también destacó Maurice Ravel, otro gran compositor francés. Ravel continuó con esta forma especial de hacer música y escribió obras muy conocidas, como el “Bolero”, que llama la atención por su ritmo repetitivo y su intensidad, y que hoy es famosa en todo el mundo


Debussy
Clair de lune
Saint-Saëns
El Carnaval de los animales
Fauré
Pavane
Ravel
Bolero



.jpg)